La disconformidad te roza los pezones. Te pone la piel de gallina, así como te gusta, y tus pectorales se apretan ante una tensión siempre-presente, neverending dilemma you said a few weeks ago.
Yo no te entiendo... porque tu ánimo cambia demasiado. Y no logro comprender por qué es que te deprimes. Qué es lo que te afecta.
O quizá si sé qué te afecta.
Si, sé perfectamente lo que te molesta... lo que te apesta de tu vida, y lo que te emputece no poder hacer nada por remediarlo.
Ya pasó la vieja compadre, y no tuviste la valentía hace un tiempo como para ponerte los pantalones y aprender a vivir como eras tú. A darte a conocer.
Y lo penca, es que no tienes ni redención. No tienes cómo poder deshacer tus errores, porque ya, por ser tan cobarde, los cometiste.
Podrías culpar a tus padres, por criarte mal. Pero, considerando que te dejaron solo hace tiempo, tampoco es como que sea culpa de ellos.
Podrías culpar a tus padres, pero sabes perfectamente que no fueron ellos los que te enseñaron a desear lo que no tienes, y lo que nunca tendrás. Tu ambición es lo que te caga la vida.
Tu cobardía y tu ambición.
Y sin darte cuenta, te transformaste en esos cerdos burgueses que pegan el tiro por debajo de la mesa para salir rápidamente de escena y retirarse victoriosos con las manos llenas de dinero. Pero no, guachito, acá no hay ni dinero ni victoria. Acá hay putrefacción y tu frustrado intento por ser alguien que jamás lograrás ser.
Acá están tus mentiras, tus alardes, y todo aquello con lo que debes cargar.
Si al final es verdad que cada cosa cae por su propio peso.
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