Presioné fuerte el rodamiento del encendedor y la llama salió cómoda para posarse sobre la punta del cigarro blanco mentolado que residía en mi boca. Aspiré, y el humo comenzó a narrar sus historias de madrugada. Miré el cielo, y lo único que lograba ver eran dos estrellas, más el humo que acababa de botar. Con la nicotina dentro, los pensamientos comenzaron a fluir. Todos esos mensajes, la cantidad enorme de personas con las que había hablado. Asumir que todos siguieron con sus vidas, y yo seguía ahí, estancado en la mía, recordando conversaciones de quizá cuánto tiempo.
Los palos, coqueteos, y el darme cuenta que dejé tanto detrás por algo que luego, también terminé por botar. ¿Cuál era el problema entonces? El problema es que no lo boté por completo. Hoy cambié mi billetera. Aunque en mi idioma no es sólo cambiar mi billetera, es cambiar mi billetera. Eso implica escarbar en memorias viejas, papeles doblados, escritos, te quieros, entradas de cine, fotos de los Jonas Brothers, Dragon Ball, Naruto, la entrada al único concierto al que he ido en mi vida, la boleta de mis converses verdes. El boleto de micro...
El humo me entró en los ojos y me lloraron, o quizá no fue eso. El cuerpo me tiritaba por el frío, o quizá no era eso. Mi estómago contrayéndose y dilatándose con cada quemada mientras Gossip me inunda los oídos con una canción más alegre que triste. Más de futuro que de pasado. Más venidera que melancólica. Ese boleto de la MetroBus #72 que te deja directo en el Cajón del Maipo, o al menos en el camino, adonde tienes una casa. Adonde tus viejos tienen una casa. Adonde conocí a tus viejos. Adonde tuvimos sexo oral y estuvimos prácticamente a punto de penetrarnos. Recuerdo las imágenes lúcidas del momento. Tu saliva en mi saliva. Mi lengua recorriendo cada centímetro de tu piel. Mirar cómo nos ensuciábamos acostados en plena tierra sin importar que hormigas e insectos extrañísimos caminaran en nuestros genitales. Un escupo y todo limpio. Beth sigue cantando y yo sigo recordando el boleto, y nuestro éxtasis. La excitación constante en la que vivíamos al vernos. Esa química de mierda que sólo he podido encontrar en tus recuerdos, por más que he intentado buscarla en otras personas. Y, ¿sabes?, me alegro.
Es exquisito recordarnos juntos. Delirante. Mejor que un vídeo pornográfico de cualquiera de mis actores favoritos. Es más (o menos) real. Cierro los ojos, aspiro, luz, abro los ojos. Me quito los audífonos y veo que la noche no está callada, que no está quieta. Un montón de ladridos en la lejanía la desordenan. Me pregunto si será el estrépito de mis audífonos que sufren con el volumen máximo de la canción.
Vuelvo a mirar al cielo y esta vez me enfrento a más de quince estrellas todas juntas apuntándome. Miro cómo el humo se desvanece y se mezcla con el azul marino del fondo nocturno. Los mensajes que borré, toda la gente repitiéndome algo que no quería meterme en la cabeza, y que, dudo, lo tenga dentro. Autoestima baja, autoestima alta. Sentirme lindo, sentirme feo. Cambiar la billetera, comprar una nueva por una cómoda suma de dos mil quinientos pesos. "Casi le echo la plata adentro de la bolsa" dijo la señora cuando estiré la mano para recibirle el naylon donde venían los cambios, y a penas recibí la bolsa supe que tendría que llegar a mi casa a cambiar las cosas, a ver los papeles doblados, los te quieros, y a ver el boleto.
Tengo muchas cosas guardadas de nuestra relación. Cosas que me regalaste, hojas de cuaderno. Pero el boleto lo boté. Después de partirlo en cuatro quedó tirado en el papelero rojo de mi pieza.
Beth ya no canta, ahora suena sólo la melodía del Remix de Fred Falke. Misma canción, diferente persona.
¿Por qué no aceptas lo que te dicen Nelson? ¿Por qué no crees en tí mismo?
Más quemadas que me van mareando. Ahora las quince estrellas me bailan en el cielo y siento los calambres ricos del Monóxido de carbono que ya está dentro de mi organismo. Pienso que entraré a escribir. Pienso que entraré a describir lo del Cajón del Maipo. Pienso que entraré a mirar Tumblr y ver cómo ya no tengo nuevos ask. Pienso que entraré a prepararme un té para intentar cambiar algo más que la billetera y romper algo más que ese boleto de micro.
Pienso que los papeles doblados deben quedarse, son recuerdos lindos de amigos. Pienso en autoestima, disculpas, seguir adelante y culpo, obvio, como siempre, a las consecuencias del orgasmo.
Desconecto el audífono un poco después de que la canción ha finalizado. Stop.
I checked you.
No hay comentarios:
Publicar un comentario