me siento al borde de una escenita, del escándalo.
como lo hizo mi tío, tomar vodka y mirar ocho pastillas gritando mi cobardía por no poder tragarlas.
malas notas, desmotivación, inutilidad.
me había prometido que la siguiente entrada sería una redención a la anterior, para dejar claro que son sólo etapas, esas asquerosas bolas húmedas y espesas que son difíciles de tragar, pero que bajan, y desaparecen con toda la otra mierda.
pero la bazofia se está haciendo cada vez más común, y me entra el miedo terrible que lo triste sea también lo cotidiano.
no quiero reclamar, no quiero alegar, porque me considero culpable de la tumba en la que me estoy sumiendo a diario, buscando lo añejo, lo seco, lo objetivo, y dejando atrás lo vivo.
y acuso empeorar, seguir (de)cayendo. y acuso no acusar depresión, por miedo a preocupar a alguien por ideas que si las miro en el largo plazo, son sólo pasajeras, etapas.
pero, reitero, siempre está el miedo de que mis etapas han sido confundidas toda mi vida, y que en verdad, lo único efímero acá, son los momentos felices.
me había prometido que la siguiente entrada sería una redención, pero últimamente pierdo la costumbre de cumplir las promesas que (me) hago.
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