17 de abril de 2012

Sin sentido: bala estancada.

La situación es crítica. Compleja.
La mano le suda, pero el revolver está tan firme ahí que ni con toda la transpiración de su cuerpo se le resbala.
Los golpes en la puerta de las dos personas que intentan arreglar el cagazo que se habían mandado, lo hacen sentirse aún más frustrado. La desesperación supera a su cordura.
Era una vuelta, y mirar el techo, y otra vuelta, y mirar el piso, un quejido, las lágrimas, y más vueltas, siempre concentrado en los movimientos que hace la puerta asegurada con pestillo.

- ¡Sal de ahí!- gritan turnándose los dos de afuera.- ¡Esa no es la solución! ¡Por favor, no seas insensato!
- ¡Cállense traidores hijos de puta!

Los golpes cesan. Él se recuesta y con la pistola en las manos se apunta directamente a la frente. Llora. Le arden los ojos.
La situación es crítica.
Los golpes vuelven a sonar.

- ¡Ábrenos por favor!
- ¡Queremos ayudarte, nos damos cuenta que estás mal!

Él, por más que lo intenta, no puede presionar el gatillo. La bala se estanca en la culata como su vida estaba estancada en el recuerdo de una mala relación, y una terrible puñalada por la espalda.
Los dos de afuera habían roto la ley principal de la vida amistosa: "no tocarás a la pareja -o ex pareja- de tu mejor amigo".
Quita el seguro, y está a punto de presionar su muerte, cuando la idea llega como una epifanía, un milagro que le salva la vida.
Toma el arma con mayor seguridad. Y abre la puerta.
Los dos culpables se quedan ahí, impávidos, mirándolo, esperando alguna respuesta.
Pero la respuesta no iba a salir de su boca.
La respuesta salió de la boca de la pistola, y se clavó directamente en las cabezas de los traidores. Entonces comprendió que todo su pasado se arreglaba con la eliminación de los malos recuerdos.

- Una por otra, mierdas asquerosas.- pronunció, y salió del departamento que lo había tenido encerrado de sí mismo por más de cuatro eternos meses.

No hay comentarios: