En la juventud de mi primavera, era mi suerte
de toda la ancha tierra, un lugar frecuentar,
lugar al que no podía amar menos.
Y es que tan hermosa era la soledad,
de un lago desenfrenado, de roca negra envuelto,
y los altos árboles, como torres alrededor.
Pero cuando la noche hubo echado su féretro,
sobre mi lugar, como sobre todo,
y el viento me acariciaba,
con su tranquila melodía
mi espíritu infantil despertaría,
con el terror del lago.
Con todo, ese terror no era miedo
sino un trémulo placer
que sintióse indefinido,
surgiendo de una mente oscurecida
incapaz de expresarlo, ni bajo soborno.
La muerte estaba en esa ola envenenada,
y en su abismo, un sepulcro adecuado
para el que desde allí pudiese traer consuelo
a su oscura imaginación,
cuya solitaria alma incluso podía
crear un Edén de aquél tenebroso lago.
Pero cuando la noche hubo echado su féretro,
sobre mi lugar, como sobre todo,
y el viento me acariciara,
con su tranquila melodía
mi espíritu infantil despertaría,
con el terror del solitario lago,
y con la soledad del lago.
-esta noche somos solo nosotros dos-
Antony and the Johnsons.
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