Conteniendo el enorme suspiro que aquél momento le proporcionaba, Alisa solo se limitó a sonreir todo el día como una estúpida incontrolable; era risueña de naturaleza, pero ese día rió demasiado por cosas casi incoherentes.
Su noticia la tenía en un camino cuesta arriba que estaba completamente dispuesta a subir.
Marcela, su inseparable, le aseguraba en ese entonces, que todo iría bien y que las cosas saldrían como ella las querría. Su amado a su lado, su cara llena de risa, y su familia completamente orgullosa de una hija tan prometedora como la que era ella.
Esa sensación exquisita que sentía en su pecho/estómago, era algo completamente nuevo, era algo que sólo ella podría habérselo infundido.
Esa sensación que le mantenía el pecho inchado, la güata adentro, el suspiro contenido, y la sonrisa de Risón se llamaba orgullo, un orgullo de llamarse Alisa Cárdenas. Un orgullo propio que sólo consiguió con el hecho de vivir.
1 comentario:
que lindo, Ashito.
Me enamoré de Alisa Cárdenas, de su orgullo, de todo.
Un besito.
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