El pucho que fumaba estirada en su cama era la exacta señal de que se encontraba vencida. Porque como ese cigarrillo de unos 5 centímetros y 3 milímetros de diámetro, se deshacía si la aspiraban mucho.
Veía atentamente como su pucho se consumía, y las cenizas caían sobre la alfombra de piel que le había traído su adinerada madre desde París.
Pensaba en la ironía de la vida, al tenerlo todo, y no aprovecharlo, y ahora quererlo todo, y no tener nada.
Recordó con detalles su pasado, su vida como colegiala, con ese jumper azul marino que le encantaba usar. Esa blusa con hombreras, ese corbatín infaltable en todos los días de clases.
Extrañaba su pasado de inocencia, su pasado de inconciencia. Extrañaba la ignorancia.
A su mejor amiga -de esas irremplazables-, a su taller de teatro, a su curso, su profe jefe, sus notas, su virginidad.
La acechaba constantemente el reconcomio de un Ayer de las Maravillas, donde era posible soñar ganar un Oscar, donde era posible asegurarse una familia con vagos amores adolescentes.
Elisa extrañaba su vida, Elisa extrañaba a su familia, Elisa se extrañaba, Elisa extrañaba su pucho que se consumía segundo a segundo con cada pensamiento.
1 comentario:
Sé que el mundo no gira en torno a mi, ni menos que soy parte de la única prioridad de las (aunque sea una sóla) personas. Pero todo, absolutamente todo, me llegó. Lo sentí tan propio, tan "Hoy", ése cigarro, esa añoranza de "... su pasado de inocencia, su pasado de inconciencia. Extrañaba la ignorancia. A su mejor amiga -de esas irremplazables-, a su taller de teatro, a su curso, su profe jefe, sus notas, su vir-gi-ni-dad. La acechaba constantemente el reconcomio de un Ayer de las Maravillas, [...] donde era posible asegurarse una familia con vagos amores adolescentes..."
Jevy ♥. (Te amo más que antes, pin pín)
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