"Entre broma y broma, la verdad se asoma" o eso es lo que dicen.
Me cuesta admitirlo [me carga la gente víctima] pero es cierto.
Empezó con mofas de decirme "el botaíto", ahora noto que realmente les importo poco. Porque importa más el chico, el que nació después. Porque mis noticias ya no son novedades, porque siempre llego con la misma mierda, pero con distinto olor.
Me ignoran, así de simple, me ig-no-ran; aquí adentro, en su estúpida concepción de "hogar perfecto", no existo, soy la única gaviota en una parvada de patos.
Les cuento acerca de mis sueños, y sus miradas de indiferencia me lo dicen absolutamente todo: "que es huevón éste cabro".
Llego feliz por una buena nota, y se limitan a un "te felicito", que nisiquiera el peor de los escritores lo tomaría como una exclamación. Más bien como un susurro, una carga. Con ese tono condescendiente que expresa un: "otra vez", más que un "¡qué felicidad!".
Me cuesta admitirlo [me carga la gente víctima] pero es cierto.
Soy el abandonado por su familia; la oveja negra; la víctima; el ignorado; soy "El Nelsito Botaíto'".
1 comentario:
Es, quizás, lo más sencillo pensar que nosotros estamos fuera del núcleo, de la normalidad, de la moralidad. Pero, y si es nuestro núcleo, nuestro entorno, el que se autoexilia de su libertad?
Nadie ha dicho que ser la oveja negra es malo. Ni menos, que no bailar al són de los demás es sinónimo de güeonaje (Es lo que menos tienes, Asho).
Te amo, enfermípodits bonitits ♥.
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