17 de diciembre de 2012

ad hoc

En cuantas habitaciones de hotel me dejaste con mi pena sin piedad, y ahora qué más da, ¿qué más da?
Ahora viajo sola, vivo en bosques sola, ya no tengo miedo.
Hay luz al fondo siempre.
Hay luz al fondo.
Y puedo ver pequeños islotes a flote, que dejan que el sol les toque.
Y no sé si quiero irme, o me quiero quedar, lo que sé es que ya no quiero que me duela más, no. Así que no estaré, la próxima vez no estaré, la próxima vez no estaré, la próxima vez no estaré, la próxima vez no estaré.
El viento corta mi boca, pero no lo suficiente como para que no puedan curármela los besos de otra.
Y desayuno lo que sabes que me gusta, aunque preferiría desayunar tu piel si no fuera porque te asusta (mentira).
Y no volveré a dejar que mis lágrimas me impidan ver tanta belleza como tengo a mi alrededor.
Tan lejos te siento tan cerca, y tan cerca te sentí tan lejos. 
Ahora, no me quejo yo lo consentí, insistí en quererte. Y ahora que no sé si insistir en quererte, tú insistes en quererme. Paradoja constante del amor: cuando te vas, me quedo yo, y cuando me voy tú te quieres quedar.
Pero otra vez no estaré, no. La próxima vez no estaré, la próxima vez no estaré, aunque te eche de menos, no estaré.
La próxima vez no estaré.

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