Lo incómodo de este veintiocho con respecto a los otros cuatro veintiochos que no hemos pasado juntos, es que tu olor llega a mi nariz casi como una hierofanía. Yo estaba concentrado en eso que siempre me concentro, y que nunca logro recordar cuando intento recordarlo. Leyendo, yo creo, o mirando el cielo que aún no aclaraba bien, y entre el calor que comenzaba a invadirme, por ahí por Los quillayes, y mi eterna preocupación por el tiempo, lo huelo.
Mi primera reacción fue un lindo: "¿qué chucha?", y con la mejor de mis caras, me miré en el reflejo para verme así como en una película (siempre me imagino en una película, por eso vivo actuando). Y después del improperio, vino el análisis numerológico/metafísico que explica todo.
"Ah, hoy es 28, verdad".
Y ahí caí en la cuenta que todos los veintiochos escucho, veo, huelo, palpo y en el fondo, recuerdo, algo tuyo. Sea una cara, una expresión, alguien con tu risa, o un tipo que usaba el mismo perfume, o con la polera con tu detergente. Qué se yo.
Me asaltó la duda de nuevo. Pero sacudí mi cabeza y seguí cantando. Porque no quiero permitirme el beneficio de la duda que terminará por entregarme ese asqueroso sentimiento de arrepentimiento y me hará decir: "la cagué". Porque se cuánto vales, y, sin la más mínima intención de dar pena, porque en verdad no estoy en esa parada, se que no te merezco.
Por lo mismo me emputece tanto saber qué es lo que haces, qué no haces, con quién saliste, y cuándo saliste.
Por lo mismo me emputece tanto ver tu blog todos los días, y revisar tu tumblr muy de vez en cuando, y abrir tu twitter una vez a las quinientas.
Ya lo dije, la discordia está ahí: no te quiero cerca mío, pero puta que me encanta psicopatearte.
Poco conshecuente, I know.
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