Yo recién saliendo de la casa de mi novia y en la micro escucho cómo discuten dos minos sobre una ley ridícula. Yo tiro el comentario, me miran, y siguen en la suya. Como que se me deforma la cara, la cabeza, el pelo se me hace más corto y la sonrisa enorme. Me obligo a bajarme de la micro, en el paradero que sea, no importa si me queda aún una hora para llegar a mi casa. Me siento, prendo el cigarro, lloro.
Lo siguiente es pensar en que me voy quedando solo, que las vacaciones están comenzando y como todos los años, mis amigos se ausentan, porque se aparecen sólo para cuando yo los invito a aparecer. Si yo no efectúo la invocación, nadie me invoca a mi.
Planes entre ellos, planes entre ellos.
Prendo el mp3, Camila Moreno; Hay casas que no se caen. Hay suelos que no resbalan. Hay desiertos que se aman, porque se muestran las palmas.
Ahora lo entiendo.
La micro me deja en mi casa, al frente, o sea, ni tanto, pero cerca, a menos de una cuadra.
Porque aquí todos los nudos se desatan con canciones.
Ducha helada, el notebook con el volumen al máximo. Y yo arrodillado en la tina, sintiendo cómo cada gota va limpiando la mierda de un mal día. Solo un mal día.
Porque hay cosas que no se rompen
como mi corazón que ama.
2 comentarios:
Cala hondo las cosas que no se rompen, como dice Camilita. Y te amo a ti. Infinito. Y sin quererlo, sin que lo sepas, me sacas sonrisitas conversando contigo. A pesar de que oculto tanto, siempre sabes cómo tratarme. Y repito: te amo.
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