Para mi, mi vida han sido 17 años. No sé si una vida corta, tampoco puedo decir que he vivido mucho, porque escuchando a lo que han vivido algunos, lo mío se compara a pasar los siete días de la semana sentado en un sillón mirando una pantalla -que es bastante parecido a lo que me dedico a diario-.
Tengo 17 años, es una vida corta, es cierto. Pero no creo haber vivido un día tan perfecto como aquél 31 de octubre del 2011.
Para mi, siempre se trató de mirar una pantalla, y sentir todo efímero, rápido, pasajero, foráneo. Yo era un simple espectador en un mundo que se movía a una velocidad increíble que yo no podía alcanzar, y debo ser honesto, tampoco me creía capaz de alcanzarla. Porque me muevo a un ritmo diferente, soy algo diferente -exceptuando mi homosexualidad obviamente-.
El punto es que, el llegar temprano, los tallarines con salsa, el olor a madera, tu perrita corriendo desde allá hacia acá, todo, el día se tejió como una armonía que terminó por enamorarme, encantarme.
Y así, cautivado, te seguí con mis pasos, te seguí con mi mirada, te seguí hasta en olfato para tenerte cerca. Y no hablo solo de ese día, hablo de mi vida.
La Nicole me dijo que quizá la causa de sentir todo tan rápido, es que quizá encontré al indicado, y aunque no me convence mucho la idea del amor a primera vista -aunque eso es mentira, porque típico que creo en los cuentos de hadas-, contigo es diferente. Contigo es real.
Y miro la foto, y aunque no me gusto del todo, se que ahí, detrás de la cámara, frente a mí, estabas tú, y tu olor, y tu mirada que me encandila, y tu perfecta sonrisa esperando por una mirada mía para aparecer.
Yo, verdaderamente no sé qué mierda me pasa, pero de que siento cosas fuertes contigo, las siento.Y más aún, estoy seguro de que no quiero perderlas.
Aunque, ¿de qué puede estar seguro un chiquillo de 17 años?

No hay comentarios:
Publicar un comentario