La descomposición y el hedor verde corrían por sus venas y escapaban por sus narices y contaminando cualquier cosa. Limpio por fuera, un asco en el interior. Respiraba profundo para ver si realmente era todo mierda, y ni rastro de luz.
A su lado, como mágico, sereno, espectral, estaba el Moño. Viejo amigo de sus infancias que lo acompañaba en sus travesuras de cabro chico. Rompían vidrios, pateaban piedras, escupían a las viejas hueonas que lloraban en el cine del pueblo.
Un día el Moño le llegó con la noticia del negocio del azúcar flor, como le decían ellos.
-Pasa piola como una botella de vino blanco. Pero vo' le metí calor, y la hueá se pone pálida como la nieve. Ya vay a ver cómo nos caen las lucas hueón, di que si y ayúdame maricón. Pa' eso soy mi amigo, ¿o no?
El Moño era igual de cochino, también apestaba. En su cuerpo desvanecido por la pérdida de sangre, casi no quedaba la fragancia de ese pendejo buena persona que ayudaba a la mamá a comprar el pan y poner la mesa. Con cada balazo fue muriendo más y más. Con cada perro que fusilaba con su fierro en las manos, el chicoco desaparecía.
Nada limpio, ni rastro de luz.
Y como si fuera poco, el viaje agitado lo alejaba más de esta realidad; viaje que los tenía para el hueveo, porque con tanto rati a la siga de ellos, difícil que se escapen. Complicada está la cosa.
El otro se esforzaba en vano, el desmayo del Moño no era teatro, el culiado ya no se podía ni los ojos de tan helado que sentía el cuerpo. Con cueva respiraba el poco aire que había allí dentro con el cigarro prendido y las ventanas cerradas.
-Abre hueón.- musitaba.
-Está lloviendo afuera.
-Apaga...
-¿La radio?- se le adelantó.- Si, está fome está hueá.
-El pu...
-¿El pu?
-P... p... pu...- intentaba pronunciar el Moño.
-Háblame po' hueón que ya me tení nervioso.- decía el Robinson preocupado, atento a la pista.
-Apaga el... el...- la pupila se le dilató. El monitor dio línea plana antes de llegar al Hospital.
1 comentario:
es tan Alberto Fuguet..tan Sobredosis
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