Pidiendo por un privilegio que para muchos en este momento es una maldición. Pero no se entiende, no existe esa compasión de comprender que el ser humano se complementa. Que nosotros tenemos lo que al otro le falta, y somos mejores personas en tanto descubrimos cómo compartir eso.
Me hago llamar sentimental pero no se llorar.
Hay gente que se hace llamar fría y puede sacar lágrimas de cocodrilo.
La película esa, la de Andrew Garfield, me pegó re fuerte en el estómago, directo ahí. Porque, efectivamente, dibujo, escribo, hago mi arte a medias no para descubrir mi alma, si no que para descubrir si tengo un alma en lo absoluto.
Como dice por ahí alguien sumamente especial, ésto es típico de día domingo.
Típico de mi foreveraloneidad que aparece cada fin de semana. Cada par de días sin tener contacto con la gente, con mi gente.
Son los costos que tengo que pagar por errores comunes de la adolescencia. Ese cambio emocional culiado que lo etiquetaron como la época de rebeldía, pero que en verdad, es solo un montón de caprichos biológicos del cerebro, porque le da por acomodarse los días domingos. Todos mis domingos.
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