30 de julio de 2011

Sin paraguas.

A menudo soy de escupir al cielo, proyectar mucho, ilusionarme, hacerme la idea de que pasará...
... y entonces el pollo me cae directo a la cara, sin paraguas.
Soy de los que creen -por muy emo que suene- que mi destino se encarga de hacerme poco consecuente, pero eso puede ser una manera de enseñarme que deje de escupir al cielo. Espera que llegará.
Sin embargo, contigo era distinto, debía ser distinto.
Te conocí, me enamoré, me hiciste daño, te eliminé, te hice daño (creo), te agregué, hablamos, no entendiste (creo), proyecté que no había nada dentro mío, cenizas quedaban, te eliminé, lo entendiste, pediste perdón (de corazón, creo), te agregué, hablamos (pero no sobre lo que teníamos que hablar), y ahora, justo en este instante, me di cuenta, que las cenizas siguen ahí, y que en verdad, como en un sueño, siempre han estado ahí. Nunca se han apagado. Porque no son cenizas, es fuego que quema, que arde, que invade.
Me encantas, me haces reír, me gusta tu cara, la manera en que tu inmadurez es más que tu madurez, me encanta leerte, saber qué es lo que te pasa, entenderte, que me des las gracias, que me pidas perdón, que me mandes caras rojas y corazones llenos de un amor que no sientes.
Hace rato que venía diciéndolo: "me siento enamorado, solo que no sé de quién".
Bueno, ahora, ya me di cuenta de quién.
Al final, no es que me haya enamorado de ti. Es que me di cuenta que, desde hace tiempo, eras tú el que estaba ocupando ese importantísimo lugar (para mi), dentro de mi corazón.

1 comentario:

Jana. dijo...

A, mierrrrrrrrrrrrrrr, quiero saber quién es 1313 agsdafshgd, ailobiu mojón chino que amo con todo el cudazún :L