17 de junio de 2011

Utopía.

Con todos los gritos a su alrededor cerró los ojos y abrió los brazos para recibir la lluvia como a su mejor amiga. Y como era de suponer, cada gota confundida con sus lágrimas comenzó a correr su rimen por mirar al cielo.
Avanzaba sin que nadie lograra chocar con ella, porque desde ahora nadie pasaría a llevar a nadie, porque desde ahora el mundo era de ella, y de todos los que gritaban mientras la emoción se la comía viva, y de todos aquellos que estaban naciendo, y de todos aquellos que ya habían muerto, y de todos aquellos que peleaban por lo que era justo.
Porque el mundo era de todos, y de nadie.
Entonces, recordó a su profesor de universidad en aquella clase de Historia Universal:

El docente ingresó, y como si nada, sacó una leche de chocolate en caja y comenzó, con mucha calma, a beberla. Cada alumno miraba extrañado por las acciones del maestro, pero él no inmutaba ningún otro músculo más que los del cuello y su cara succionando el brebaje del cartón.
Una vez que acabó, procedió a inflar la caja por el orificio de la bombilla, para, violentamente golpearla causando su explosión y el sobresalto de todos en la sala.
-¿Ven como es?- preguntó una vez que todos se habían calmado-, en un comienzo, las cosas se ven llenas, abundantes. Luego alguien comienza a succionarlas, para que desde adentro se exija por más. Una solución se entrega, pero ésta no es tan consistente como la leche de chocolate, es aire, es falsa. ¿Qué sucede después?
Todos guardaron silencio, excepto ella.
-Explosión.
-Explosión.- repitió el profesor.- Revolución. No se les entrega lo que quieren, se tienen que levantar todos a por más. Explosión, revolución, subversión. ¿Y qué ganaron todas las partículas de aire de adentro?
-Libertad.- concluyó ella.
El profesor se retiró de la habitación sin decir una palabra...

Ella siguió caminando entre la multitud con los brazos abiertos mientras las mujeres eran libres, los hombres eran libres, y existía amor, sociedad, cultura, homosexualidad, autonomía, igualdad, tolerancia, respeto, colectividad, pero por sobre todas las cosas, existía libertad.

1 comentario:

Jana. dijo...

Como dice un viejito bueno que se apellida Galeano: ''¿Para qué sirve la utopía?: Para caminar''. Caminando se conoce, caminando, en la misma calle, se forma tu historia ( histeria, para algunas ), tu estado de semi-consciencia.


Cómo te amo, querido :*