6 de junio de 2011

Miss.

Llenó la taza de café al tope, exactamente como odiaba que le quedara, mal estructurada, en palabras sencillas, fea. "De todas maneras tengo que tomármela", pensó refunfuñando.
Era extraño verle tomando café, le producía gases y calambres en las piernas durante la noche, dormía tenso. Pero quería volver a probar la cafeína, la extrañaba...
Extrañaba muchas cosas. Extrañaba al extraño y sus largas conversaciones hasta las nueve de la noche. Extrañaba a los mexicanos que le prestaban su cuerpo para analizar su tan perfecta anatomía bajo la única luz de la pantalla de su laptop.
El café seguía humeando y él seguía extrañando, y mientras miraba con mucha atención los delicados rastros de la espuma de su brebaje saboreó un pedazo de chocolate.
Miró el azul-cielo de su sala de estar y dejó la taza caliente encima de la mesa de centro únicamente para escuchar el ruido de la loza chocar con el vidrio.
Y mientras tanto, seguía extrañando.
Extrañando aquella música del ayer, aquellos viernes nocturnos con su mejor amiga. Extrañaba escribir...
Se puso de pie para encender el laptop, pedir disculpas, abrir un archivo y redactar.
Y mientras tanto la taza seguía humeando.

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