
En ambos lados de la cama, ella lo mira por debajo del hombro, mientras él enciende el cigarro conforme con sus excusas.
Indiferente ella le dice que apague esa mierda, que ella es sana.
-Sana...- responde él con el tono más irónico que pudo sacar.- Súper sana.- Puso sus ojos en blanco.
-¡Claro que soy sana po' huevón!- farfulló ella, sin mirarlo a los ojos, como hablándole al aire.
-¡Súper sano acostarse con cualquier huevón que se te cruza por delante!- Él se volteó.
Ella lo imitó y le proporcionó un charchazo de esos que duelen hasta el estómago.
-¡Perra!- la tomó por el pelo y la golpeó en un ojo, la zarandeó para lanzarla contra la muralla adornada con los viejos paneles de rombos cafés.
Fue ahí cuando ella se levantó con una fuerza sobrehumana que le completó su corazón, y como la mujer maravilla golpeó a ese hombre en los testículos, y le dejo la cara igual que como ella la tenía ahora.
-Tu y yo, no somos nada maricón.- le escupió en la cara cuando él gemía por el fuerte dolor de güata que tenía.
Tomo su disfraz y salió volando a combatir el crimen.
-we can do it!
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