No sé como no lo ví nunca antes de ésta manera.
Teniendo siempre el mismo problema, y no recordándolo al momento de cometer errores.
Sé que los errores me hacen más fuerte, pero teniendo la encrucijada en la punta de mi lengua, y no poder sacarla, es frustrante, y no ayuda para nada a avanzar.
El hecho es que cada vez que tengo que tomar una decisión difícil, tengo una alternativa a, y una b; un verdadero, y un falso -sin justificación-; una respuesta uno, y una respuesta dos.
Por un lado, me dicen que es bueno arriesgarse, tomar la determinación, ser positivo, y obligatoriamente, en mi caso, ilusionarme.
Por otro, me digo que debo tener cuidado; ilusamente me repito, que no me ilusionaré -cuando ni yo mismo me lo creo-, que no sea positivo, que sea realista (irónico que no signifiquen lo mismo, ¿no es así?), que me prepare para recibir el charchaso.
El punto es que no puedo elegir entre uno y dos, porque mi metabolismo me hace elegir la uno, y luego prepararme como se dice en la segunda.
El punto es que no elijo yo en mi vida, lo hace mi corazón, siempre.
El punto es que no tengo elección, y en cierto modo, soy un completo prisionero de mis sentimientos.
Y como Hamlet, me comienzo a preguntar si "¿ser o no ser?".
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