Se paraba todos los días en el mismo semáforo, miraba la hora, tiraba un escupo a la acera, se arreglaba el cinturón y la camisa, y cruzaba la calle.
Lo increíble, es que siempre sabía –sin la necesidad de mirar la luz del semáforo- que éste estaba en verde, y cruzaba así sin más. Creo que fue la principal causa de que le pasara lo que le pasó.
Ernestito no tuvo la oportunidad de aprender a mirar a ambos lados. El chofer de ese auto no se la dio.
1 comentario:
Muy buen final, sin decir lo que pasó... lo dices igual.
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