19 de noviembre de 2013

Sin sentido: reprimido.

- Valderrama.- me dijo.

Yo lo miré con cara rara. Me pareció chistoso que mi primer cliente después de la licencia tuviese exactamente ese apellido. Me encogí de hombros y le pedí que se sentara.

- Cuénteme señor Valderrama, ¿qué lo trae por acá?
- Por favor no me digas así. Me haces sentir viejo. Llámame Rodrigo. El apellido te lo di por una cuestión protocolar, ¿o no?
- Claro, sí, perdón Rodrigo.
- Ok.- asintió sentándose en el sillón. Yo tomé mi libreta.- Resulta que llevo un par de semanas sintiéndome extraño...

Lo escuché atentamente, él miró el reloj verde que tengo por sobre mi cabeza. Le hice un gesto para que continuara, se miró las uñas y tomó aire.

- Es que... no sé cómo explicarlo.
- Partamos por comprender entonces qué es para ti sentirte raro. Tómate tu tiempo, reflexiona sobre lo que sientes.
- Es que si sé lo que siento, lo tengo súper claro.
- ¿Entonces, qué te detiene de contármelo?
- Es que yo no sé qué tan confidencial es esto...

Me reí. Él me miró un tanto molesto. Al parecer mi reacción no le había gustado. Carraspeé y controlé mi sonrisa para asegurarle, con la seriedad máxima, que lo que él me contara quedaría acá. Se tocó la barbilla.

- ¿Y eso quién me lo garantiza? O sea, cualquier día puedes vender mi información.- me respondió poniendo la palma de su mano sobre la mesa de centro. Su ceño fruncido me decía que iba en serio. Anoté en mi libreta: "posible delirio de persecución".- ¿Ves? Esto no me inspira confianza. Tu anotando tus cosas en esa agenda y yo contándote mis más profundos secretos.
- Rodrigo, te recuerdo que viniste acá por voluntad propia. Esta consulta es pagada. Es tú dinero el que inviertes.
- Si sé, si sé.- me respondió agitando la mano derecha.- Pero es complicado... me siento raro doctor.
- Oh, no, por favor, no me digas doctor. Dime Fernando. Acá los dos somos amigos. Piensa que vienes a contarle algún problema a tu mejor amigo.
- Es que si pienso eso entonces no le cuento nada. Mi mejor amigo es súper hocicón.
- Ya pero...- guardé mi tiempo.- pero eso no significa que todos los mejores amigos sean hocicones. Yo no voy a serlo.

Se volvió a llevar la mano a la barbilla.

- En eso tienes razón, entonces, ¿de verdad puedo confiar en ti?
- ¡Pero obvio!- le respondí con una sonrisa, levantando mis brazos.- Además, piénsalo, es ilógico que yo pueda contarle algo a alguien, si de hecho, no conozco a nadie que tú conozcas.
- Pero, ¿y si sí? ¿Ves? La gente da por sentado que en Santiago nadie se conoce pero lo cierto es que esta ciudad de mierda es un pañuelo.- dijo levantándose del sillón.
- Pero a ver... a ver... relajémonos. ¿Si? Siéntate.

Volvió a su posición. Me miró fijamente, sin realmente ponerme atención. Parecía pensar mucho.

- Volvamos al comienzo. Sabes que puedes confiar en mí porque yo te aseguro que no conozco a nadie que tu conoces. Y aunque lo hiciera, no le contaría porque tú no serías mi tema de conversación. Mis clientes nunca lo son. ¿Por qué te sientes raro?
- Es que...- guardó silencio para cruzar la pierna. Miré el gesto, se sorprendió, volvió a abrirse de piernas.- Parece que no voy a poder.
- Rodrigo, es tú plata.
- Si, pero la plata da lo mismo al lado de esto, es que no entendís'. Esto es complejo, esto no soy yo, y me la está ganando.- se puso de pie. Me puse de pie yo también.
- Rodrigo.- le dije con voz firme.- ¿Relájate por favor?- me miró con los como platos y se sentó.- Si estás acá, esto no te la está ganando, porque diste el primer paso para ganársela tú a esto.
- Ya... si, es verdad. Sí.
- Entonces, ¿cómo empezó todo esto?

Guardo silencio.

- Eso es más fácil de contestar. Fue hace unos días. Es que, yo estaba en un chat, de aburrido no más po', y empecé a hablar con un tipo, un loco, que me dice que tiene 19 años y que me dice que estudia Historia. Y ya, bacán, buena onda, y el tipo me dice que es gay, y yo "ah piola" porque no me gusta discriminar po', onda, buena onda. Y ya el loco me pregunta que qué estoy haciendo en ese chat, y le digo que na', que estoy de aburrido, y que no busco nada, y le pregunté, pa' no ser mala onda, que qué buscaba él. Y me dice que nada en especial. Y ya, conversamos y bacán, buena onda, el loco es simpático, y me hace reír, y me pide la cuenta skype, y se la doy, y bacán buena onda. Y empezamos a hablar por ahí, y nos reímos, y bacán buena onda po'. Onda de aburrido le dije que pusiésemos la cam, y ya lo miro, y el loco es piola, se ve simpático, tiene una sonrisa re agradable. Y nos seguimos riendo, y yo también me reía po'. Y el loco me dice que me encuentra bonito, que parezco chico PUC.- dice riéndose.- y yo me reí porque igual yo soy rubiecito, entonces la gente piensa eso po'. Y el loco me dice que soy cuico, y yo le digo que no, que no estudio en la PUC. O sea, sí, al principio pa' huevearlo le dije que estudiaba Teología en la PUC, y nos reímos, y él se rió y ponía los ojos chinos pa' reírse. Entonces le conté que no estudiaba en la PUC, sino que en la Mayor, que estudiaba derecho. Y el loco vuelve a agarrarme pa'l hueveo, me dice que soy high y cuico, y nos volvemos a reír. Y de aburrido no más le dije así como que nos juntáramos, y el loco me dice que bueno, que bacán, y sonreía caleta con los ojos chinos. Y ya bacán, le pregunto dónde estudia y me dice que en la Hurtado. Entonces yo me acordé que tengo ene amigos de la Hurtado que son de Ingeniería Comercial y Derecho también. Y esa Universidad es súper chica la hueá' po'. Entonces onda, lo eliminé. Pero el loco era terrible simpático, y me cayó bacán. Onda hace caleta que no congeniaba tan bien con un loco. Pero el loco conoce a mis amigos po'.
- ¿Pero él te dijo que conocía a tus amigos?- lo interrumpí.
- No, me dijo lo contrario, pero igual era obvio que estaba mintiendo. Si el loco era gay asumido po', entonces igual se le debe notar caleta, y no po', o sea, buena onda, pero igual me van a huevear caleta si me ven hablando con un gay po'. El problema es que igual como que lo hecho de menos, y eso es lo raro po'. Como que siento que quiero conversar con él, porque hubo mucha buena onda. Pero es que el loco es gay po'. Entonces eso me hace sentir raro.- finalizó y puso sus manos sobre la mesa. Sudaba.

Yo lo miré con los ojos como platos. Me comí la risa y anoté simplemente en mi libreta: reprimido. Le dije que tendríamos que vernos unas cuantas veces más, porque ese asunto de rareza que él tenía nos llevaría algo de tiempo.

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