13 de mayo de 2012

Sin sentido: Ups.

Perfección. Hojas secas en el pavimento, un poco de humedad en el aire, un viento que acaricia las copas de los árboles que se quejan porque los desnudan en esa época del año.
La banca tenía pequeñas gotas de un rocío vespertino, y aunque sus jeans eran de tela muy gruesa, al sentarse logró sentir el frío de la madera húmeda.
Encendió un cigarro para esperarla, para relajarse, porque tenía que decirle lo que tenía en mente, y era imperativo hacerlo calmado, sin apresuramientos que arruinaran el mensaje. Lo más importante era ser claro.
Llevaban como amigos unos cuantos años, así que todo se tornaría más fácil. No estaba seguro de la reacción que tendría ella, sin embargo tenía claro que nada sería igual luego de esa tarde.
Vibra el celular.

- ¿Dónde estás?- pregunta él.
- Me atrasé un poco, estoy saliendo del metro, llego en cinco minutos.
- Te espero.

Aspira humo, y al botar se guarda el celular en el bolsillo de esa chaqueta azul que ella le había regalado.
Otra quemada, y su corazón se acelera, las cosas no se están tornando fáciles, en absoluto.
Revisa su reloj, y ve cómo el secundero avanza cómodo y elegante por el fondo rojo cristalizado, como riéndose de su desesperación que ahora lo agobia.
Se rasca la cabeza, mira a ambos lados del parque y la ve caminando.
Anda con el pelo suelo, pero su cabeza la cubre una boina de lana púrpura que combina perfectamente con el abrigo que lleva puesto y que le llega hasta un poco más arriba de la rodilla. Hacia abajo, las botas café que él le había obsequiado en aquella navidad.

- Te ves preciosa.- musita con vergüenza.

Ella sonríe, le quita el cigarro de las manos, aspira humo y botándolo admite:

- Tu también... ¡estás trayendo mi chaqueta!
- Por supuesto, es algo especial para un momento decisivo de nuestras vidas.- la sonrisa de ella se borra de su rostro.
- Entiendo, así que no son buenas noticias.
- No lo sé...

Un silencio incómodo interrumpido únicamente por el sonido de un Santiago preparándose para dormir.

- Mira Carlos, si es por lo que te dije...
- Si, es por eso.- la interrumpe.- Yo sé que acordamos que las cosas seguirían iguales, pero para mi todo esto se torna demasiado difícil Verónica. Y créeme que intento ser tu amigo sin combinar lo que sientes por mí, pero me cuesta demasiado. Tengo la sensación de que cada llamada, cada mensaje que te envío es una cuchilla en tu corazón.

Ella termina el cigarro con una última quemada y lo lanza al pavimento mojado donde termina de humear. Ambos miran el suceso.

- Me haces sentir culpable.- musita ella.
- ¿Culpable por qué?
- Porque nunca debí mezclar las cosas.
- Era la idea, era nuestro acuerdo.

Por fin se miran a los ojos, y él comprende todo: su enojo, la incomodidad, el desánimo, la dependencia.
Ella, aunque tiene sus ojos llenos de lágrimas, sonriendo dice:

- Ups...

Él coge su cara y la calla con un beso.

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