Siempre me repitieron que uno ve caras, pero no corazones; y definitivamente éste es un buen ejemplo.
Yo que lo creía sano, dentro de lo que yo defino como sano.
Yo que lo creía tierno, dentro de lo que yo defino como tierno.
Lo califiqué más que juzgarlo, aún así, no juzgarlo ahora me resulta casi imposible; como cuando me preguntaron si haría asco a una amiga dentro de una secta satánica. Respondí que no, porque intento ser lo más abierto de mente posible. Pero una vez que lo sientes cerca, a solo centímetros, la cosa cambia. No creo tener la mente tan abierta como para aceptar ese/este tipo de cosas.
Es fuerte, casi increíble. Esperable, pero yo nunca espero nada de nadie.
Fue el camotazo para empezar a este dos mil once. Inverosímil, como de otro planeta. O simplemente el frío balde de agua para ingresar a una cruda realidad, una donde la gente muere, y mata.
1 comentario:
chucha, qué pasó?
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