Me rodea un alcantarillado pútrido con puro olor a mierda en descomposición. Y me apesta -es obvio- tener que seguir caminando por él.
No quiero tener que leer pancartas que prometen que la vida es mejor con algo que ni yo mismo he sentido mío más que por sólo un período de gestación.
Nació el bebé y se fue todo al demonio, y a nadie le importo, a ninguno de los dos. Desde entonces me metí a esta cloaca que sigue acorralándome, y de la que no tengo salida porque mi salida siempre sale en la distancia -y no tengo plata pa' los pasajes-.
Lo he dicho, lo dije, y lo seguiré diciendo hasta encontrar mi cítrico. Estoy putamente aburrido de esa cosa que se siente en el pecho, y que este desagüe solamente me ha demostrado, es falsa.
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