14 de julio de 2010

Las direccionales.

Le fallaron.
Ella bajo la lluvia, sin nadie -o nada- más que su chaquetón de cuero, y su celular Nokia 5800 -en el que había gastado todo su primer sueldo-. Decidió caminar por la gran avenida que seguía viva, palpitaba disconforme a su corazón.
Confundió lágrimas con gotas de lluvia, gotas de lluvia con lágrimas, un sentimiento de amargura por el frío, o el simple hecho de que ya no celebraría su cumpleaños nunca más.
No quería crecer, no quería seguir pisando el suelo que pisaba, no quería su memoria, la pondría a la venta en El Rastro o en eBay, a ver quien le compraba esa mierda.
Piso los escalones del subterráneo saboreando cada momento de su fiasco, y para cuando llegó al andén, la gente simplemente se asombró.

La lluvia se encargó de vaciar la estación de sangre, y gente, de malos olores, y malos dolores.
Y pensar que todo empezó porque su amor encendió las direccionales para hecharla abajo del auto en aquella gran avenida.

1 comentario:

Jana. dijo...

Siempre hacen mal los amores.

(Mentira).