Eran las ocho de la noche en punto y el pequeño niño de doce años salía de su casa, en un frío día de invierno, al almacén para comprar un pliego de cartulina.
El suelo estaba mojado por los días de lluvia anteriores.
Jugaba con las monedas que llevaba en el bolsillo de su parca, y suspiraba por que le gustaba ver como el vapor salía de su boca, imaginaba que estaba fumando, y que era una especie de mini-adulto.
Le gustaba hablar en inglés, así que así lo hacía, y el seguía caminando siempre con la cabeza gacha mirandose los zapatos que le habían servido -y le servirían- por unos cuantos años.
Se pensaba a él mismo en un mundo desolado, como sus videojuegos de Resident Evil, y que estaba sólo, pero enseguida le asustaba esa idea y se recordaba que debía caminar al "Pino" por la cartulina para el papelógrafo que se le olvidó hacer, y lamentablemente era para el día siguiente.
Le habían entregado trescientos pesos, y la cartulina estaba a cien, así que le sobraban doscientos para algo.
-Me da veinte chocolatitos además porfavor.- dijo el niño con su voz aguda aún.
Cuando volvía se puso a pensar en las cosas que le estaban sucediendo, y lo que estaba sintiendo. Tenía sólo doce años, pero según la psicóloga que visitaba, era mucho más maduro para su edad, y a él le parecía normal llamar amor a lo que sentía, incluso más que amor, estaba como imprimado a ésta persona. Al principio la considero horrible, pero poco a poco fue captando su atención hasta el punto en el que llegó ese día, cuando realmente se dió cuenta de que ella era su complemento, su razón de ser. Por que aquel niño de doce años que fue a comprar una cartulina por el papelógrafo que había olvidado hacer para el día siguiente, se había enamorado por primera vez ♥
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