19 de marzo de 2010

Estoy bien.-

El jóven entró a la empresa de su jefe con el propósito único de ser despedido. En su cabeza la palabra fiasco sonaba como un eco en una montaña sin final. Se cuestionaba qué es lo que iba a suceder con él. ¿Qué sería del respeto que le tenían por el proyecto de su megazapatilla? ¿Qué seria de su vida?
Mientras caminaba a la oficina de su jefe, todos le miraban con cara de fiasco, él lo sabía, era un experto en miradas.
-Estoy bien.- repetía.
Su jefe era un fanático por las cosas dobles, todo lo compraba de a dos. Por lo tanto, él abrió las dos puertas de su doble oficina, para hablar con una de sus dos secretarias y poder acceder al jefe.
-Como te encuentras Drew?- dijo el jefe.
-Estoy bien.- dijo de nuevo, con dificultad esta vez.
-Sabes Drew, me has arruinado la vida, tu zapatilla significarán 952 mil millones de dólares de pérdida. ¿Escuchas eso? Es el sonido de la mierda tocando nuestra puerta, el sonido de la mierda atravesando los ventiladores de ésta empresa.
-Lo lamento.- no supo que otra cosa decir.
-No, no lo lamentas, le dirás a la revista, que lo hiciste a propósito, y presentaras tu carta de renuncia, no te daré un solo peso por ésto.
-Entiendo.

Horas después, él se encontraba en su casa con nada más que una bicicleta de ejercicios- lo demás lo había deshechado- que estaba unida a una cuchilla para que perforara su cuerpo con cada pedaleo.

-Estoy bien.- dijo y antes de dar el primer pedaleo, suena el teléfono.
-Drew?- dijo.- Soy Heather.
-Hermana, puedes llamarme mañana.
-No.- respondió llorando.- No, tiene que ser ahora.
-Llámame en cinco minutos más.
-Drew... papá murió.

La cara de él se desfiguro por un segundo, entonces escuchó hablar a la hermana de nuevo.

-Drew, tienes que ir a ElizabethTown, está ahí, eres el mayor, debes convencer a todos de que hay que cremarlo...- continuó.- Drew? Estas ahí?
-Estoy bien...

Elizabethtown.-

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