5 de agosto de 2009

Suerte.-

-Así que mañana doy el examen que me falta.
-Ah!, ojalá que te valla bien, mucha suerte.- le dijo su mejor amiga por el chat.

Al otro día él se levanto tempranísimo, tomó metro como todas las mañanas, y partió a su tan adorada escuela, le quedaba a siete cuadras de la estación, pero el ambiente de esa caminata rutinaria le agradaba.
Sin embargo algo raro estaba ocurriendo esa mañana, no dejaba de ver la palabra "suerte" que le escribió su mejor amiga la noche anterior.
Caminaba despistado, cuando un gato negro le llamó la atención; sin darse cuenta caminaba mirando fijamente al gato, con sus extraños ojos amarillos, pasó por debajo de una escalera, chocó contra un camarero que cuidadosamente llevaba un frasco de sal, y por despistado, se estrelló contra un carísimo vidrio de una tienda de ropa. Cortandose las manos y parte de el tronco.

Su mejor amiga lo fue a ver al hospital, él la miro de una manera muy graciosa, y le dijo:
-Si, harta suerte para mí.

Dio su examen a la semana después, estaba nerviosísimo, no sabía que pensar, y que podrían preguntar.

Término de la prueba, y el profesor le revisa, asombrado le dice que jamás había escuchado respuestas como esas:
-Felicitaciones, tienes un siete, tuviste suerte.

Ya en su habitación, reflexionaba sobre las palabras de su profesor.

-No señor, no. No tuve suerte, no creo en la suerte, creo en mi mismo. Yo soy y hago mi suerte

.-

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